Todo el mundo sabe que en la lectura en voz alta la atención del lector queda frecuentemente desviada del texto y orientada hacia cuestiones personales.
Consecuencia de esta fuga de la atención es que el lector no sabe dar cuenta de lo que ha leído cuando se le pregunta por ello, interrumpiéndole en la lectura.
Consecuencia de esta fuga de la atención es que el lector no sabe dar cuenta de lo que ha leído cuando se le pregunta por ello, interrumpiéndole en la lectura.
Ha leído automáticamente, y, sin embargo, ha leído, casi siempre, sin equivocarse. No creo que en estas condiciones se multipliquen los errores de una manera notable. Estamos acostumbrados a admitir el hecho de que toda una serie de funciones se realizan con mayor exactitud cuando las llevamos a cabo automáticamente; esto es, cuando van acompañadas de una atención apenas consciente. De esto parece deducirse que las condiciones de la atención en las equivocaciones al hablar, leer y escribir deben determinarse de manera distinta de la de Wundt (ausencia o negligencia de la atención).
Los ejemplos que hemos sometido al análisisno nos han dado realmente el derecho de aceptar una disminución cuantitativa de dicha facultad. En ellos encontramos, lo que quizá no es lo mismo, una perturbación de la misma, producida por un pensamiento extraño.
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